MENSAJE de NAVIDAD del OBISPO

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“¡Salgamos al encuentro del Señor que viene!”

  

Dicen que nació en Belén de Madre
Virgen un Niño que vino a traer la paz que el mundo había perdido. Dicen que
nació en Belén según estaba predicho…
Qué bien si también naciera en tu corazón y el mío[1].

 

 

El Señor viene como niño en Navidad, salir a su encuentro es salir de sí mismo… el que sale de
algún modo debe desinstalarse, no se puede andar con la casa a cuestas. San
José sólo puede llevar a María embarazada y no mucho más, ellos deben salir de
Nazaret, donde viven, y peregrinar hasta Belén, porque lo manda la autoridad.
Para que se dé el encuentro es necesario salir, Jesús Niño viene y al salir a
su encuentro necesitamos alivianar la carga. Por lo tanto, salir al encuentro
nos tiene que motivar a alivianar la mochila de cosas, de inquietudes, de
preocupaciones, de estructuras y criterios rígidos, de sueños imposibles,
porque el encuentro tiene un tiempo, un lugar, una manera… y queremos disfrutar
del encuentro en esta Navidad.

María y José no tienen lugar cuando llegan a Belén, “no había lugar para ellos en el
albergue”, y deben salir al campo, no saben muy bien adonde pero el Señor
siempre provee, aunque sea un pesebre, un lugar para el encuentro.

Encuentro es no excluir a nadie, salir de nuestro propio interés y egoísmo, y con
creatividad hacernos hombres y mujeres “para los demás”; es achicar distancias, para acercarnos bien a los otros, sin
doblez.

El encuentro lo podemos visualizar, por ejemplo, en la imagen de la “doña del
merendero” que viene con las bolsas y los chicos le salen al encuentro, ella
salió cargada y ahora ellos la encuentran y le alivianan la hermosa carga que
se convertirá en mesa compartida, en la alegría de tomar juntos la leche o el
mate cocido, el pan o las facturas que algún generoso les donó. ¡Cuánta buena
gente sale al encuentro del Señor que viene!

Los pastores ante el anuncio de los ángeles también dicen, salgamos, “vayamos a
Belén”, salgamos al encuentro de este niño que nos ha nacido.

También nuestros misioneros y evangelizadores salen a nuestros barrios, por las casas y
cuando los reciben, poco a poco, después de atar los perros, se da el encuentro
y la alegría de la Palabra compartida que deja paz interior.

 

Nos desafía también la prioridad diocesana, este salir al encuentro de los
adolescentes y jóvenes que no están en nuestras comunidades,
es que si no
salimos no se dará ese encuentro. El Señor está cerca de cada uno, pero muchas
veces necesitamos que alguien nos lo diga, necesitamos escuchar las palabras
que alientan cargando nuestra vida de sentido y de esperanza: ¡cuenta con Dios!
Él te ama, está cerca, y mientras te convences, y andas tu camino de encuentro:
¡Cuenta conmigo!

Cuántos hermanos nuestros de países vecinos, o del interior de nuestro país, debieron
salir como Abram de su tierra: “Deja tu tierra y tu casa y ve…” (Gen 12,1), han
tenido que dejar su lugar de origen, a ellos también el Señor les sale al
encuentro en esta Navidad para aliviarles la nostalgia de su tierra,
devolverles la buena memoria de su propia historia, escuchar los deseos de su
corazón y anunciarles la buena noticia.

Salen nuestros voluntarios: los que dan la catequesis, que preparan los pesebres, los
que visitan los enfermos, los que se hacen cargo de los chicos de la calle, de
los ambulantes que caminan las noches de nuestras ciudades para hacerse
cercanos, reconocerlos prójimos y realizar el encuentro.

El evangelio de Mateo dice que “salen los magos…” de lejanas tierras, ellos han
andado tanto tiempo para salir al encuentro del que viene, son hombre de
esperanza, aún cuando la estrella que los guiaba se oculta por un tiempo,
siguen buscando al que les saldrá al encuentro, pues los astros lo han
anunciado. “Vayan, infórmense… y los magos partieron a Belén”. No se cansan en
su búsqueda, pues a veces el encuentro se hace cuesta arriba, es costoso,
necesita un tiempo, paciencia, esfuerzo y confianza, y en medio de la noche la
estrella volvió a guiarlos y encontraron al “Príncipe de la Paz” y comprobaron
“que el mismo será la Paz”.

Que San José nos ayude alivianar nuestras cargas para salir un poco de nosotros mismos, para reconocer al que viene y salir a su encuentro.

Pidamos a la Madre con el Niño a Nuestra Señora de la Paz: “Paz para los que están lejos, paz para los que están cerca, la paz que supera la violencia y la inseguridad, la paz que es perdón y reconciliación, la paz social, fruto del amor y la justicia, la paz que nos regala el Niño Dios en Navidad”.

 

 

 

+Mons. Jorge Rubén Lugones, s.j.



[1] Meloni Aledo L., “La tentación de la palabra”, Coplas de
Navidad. Ed. Librería de la Paz. Resistencia, 2004.

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